Serigrafía, DTG y sublimación por tipo de tela
La tela que está debajo decide la técnica antes que el arte. Malla, base blanca y reserva de sustrato explican por qué el mismo archivo cambia de ruta según la fibra, y el banco de fichas del Atelier muestra dónde está instalada cada capacidad.
La fibra de la prenda decide la ruta. La sublimación fija color dentro del poliéster y sobre algodón sale apagada. El algodón queda para la serigrafía, que deposita tinta encima del tejido, y para la impresión directa a prenda, que empuja tinta al agua hacia adentro de la fibra. Esa altura, tinta arriba o tinta adentro, gobierna malla, base blanca y peso de letra.
La fibra decide antes que el arte
Un archivo se ve idéntico en pantalla sin importar sobre qué prenda vaya a caer. La tela de abajo cambia todo lo demás.
La sublimación fija color sobre poliéster. El calor convierte la tinta en gas, el gas entra en la fibra sintética y la fibra lo encierra al enfriarse. El algodón deja pasar ese gas y se queda con un tono apagado desde que sale de la prensa. La ficha del telón lo dice con palabras del taller, la sublimación solo agarra en poliéster y la tela con algodón sale lavada. De ahí viene la pregunta de la sublimación que se borra, y la respuesta es que nunca llegó a agarrar en el algodón.
Sobre algodón trabajan otras dos técnicas. La serigrafía deposita una capa de tinta encima del tejido y la impresión directa a prenda empuja tinta al agua hacia adentro de la fibra. Esa altura, tinta arriba o tinta adentro, explica lo que sigue.
Serigrafía, donde la malla es la decisión
La malla se cuenta en hilos por pulgada y define cuánta tinta pasa. La ficha de la playera jaspeada pide, en el quemado, una malla de 43 a 55 hilos, abierta, capaz de soltar cuerpo para tapar el jaspeado. La ficha del tote de lona sube a una malla fina de 110 a 140 hilos cuando el arte lleva serifa delgada, con menos tinta por pasada y con la finura para sostener el remate de la letra.
Una malla sirve a la opacidad o sirve al detalle. Un arte con cobertura sólida y remates de un cabello de grosor se separa en dos mallas, y la ficha de la playera del emblema lo trae en su ruta, separación de color a dos tintas y quemado de dos mallas.
El jaspeado agrega su propia física. El jaspe es hilo teñido hilado junto con hilo crudo, y ese color sube dentro de la tinta clara hasta ensuciarla. El crema deja de ser crema. La solución viene en el paso de impresión de esa ficha, base bloqueadora, flash entre pasadas y segunda pasada de color para tapar el jaspe. La pieza se pide a una tinta y se imprime en tres movimientos.
Cada tinta adicional es una malla más, un quemado más y un registro más sobre el pulpo. Cuando el registro entre dos tintas se corre aparece un filo blanco de tela entre ellas, y así queda escrito en su campo de dónde se rompe la pieza.
El grosor mueve el mismo criterio. Sobre lona de algodón de 10 a 12 onzas, el gramaje que pide la ficha del tote, la fibra absorbe y engorda la serifa fina hasta cerrarle los remates. Una letra de área sólida sobre esa lona se cuartea en el doblez.
Impresión directa, donde el tejido dicta la letra
En el macro del cenzontle la tinta carece de borde propio. El degradado se disuelve dentro del algodón, el halo amarillo termina sin filo y el punto de la tela atraviesa cada letra blanca.
Eso es lo que pierde una letra delgada sobre tejido de punto. El trazo cae en el valle de las columnas del tejido, la tinta se hunde y la letra sale mordida. La regla del oficio es subir el peso del trazo y abrir el espacio entre letras. Una tipografía impecable en una tarjeta pide más cuerpo para vivir sobre jersey.
La cobertura a todo color, como la del hombro floral, se sostiene sobre dos cuidados. El primero es la base blanca. Sobre tela de color la máquina imprime un colchón blanco y encima el color, y la ficha de esa foto avisa que una base insuficiente saca los colores lavados. El segundo es el pretratamiento, el líquido que retiene la tinta al agua en la superficie de la fibra. Aplicado de más o curado de menos deja un cerco, un cuadro apenas más oscuro alrededor del arte que aparece hasta el primer lavado, ya en manos de la persona que usa la prenda.
Ese cerco tiene peso medible dentro del banco. De las seis fichas cuya técnica nombra la impresión directa a prenda, cuatro escriben el pretratamiento o su cerco en el campo de dónde se rompe la pieza. Es la anotación que aparece más tarde en la ruta, cuando la prenda ya pasó por todo lo demás.
Imprimir un pecho está resuelto en muchos talleres. Sangrar el arte hasta la orilla, cruzar el hombro y seguir en la manga con registro pide otra clase de equipo, y la ficha del hombro floral lo marca así en su capacidad crítica.
Sublimación, donde el blanco es el sustrato
En la taza, la palabra corre en blanco sobre los bloques de terracota, ámbar y azul petróleo. Ese blanco es cerámica descubierta. La sublimación trabaja sin tinta blanca, así que todo lo que deba leerse blanco se deja en reserva y lo aporta el sustrato. Por eso la técnica pide bases claras y un diseño de fondo oscuro cambia de raíz en esta ruta. El recubrimiento cubre la pared y el asa queda fuera del alcance, así que el arte se monta contra la posición del asa antes de imprimir en espejo.
Sobre poliéster la sublimación deja el color dentro de la fibra, sin capa encima y sin mano al tacto. La durabilidad depende ahí de la fibra misma, porque la pieza queda sin capa que se pueda cuartear ni levantar.
El límite se mide en ancho de máquina. El telón del estudio corre de piso a techo en un solo paño porque salió de una calandra de 3.20 metros de ancho corrido, y su ficha marca ese ancho como la capacidad que decide si sale entera o parchada. Con menos ancho, la misma pieza sale en paños unidos y la costura queda a la vista bajo luz rasante. En áreas planas el color se banda si el perfil no está calibrado contra la tela real.
Dónde está instalada cada capacidad
El banco de fichas del Atelier guarda 1,291 registros sobre 1,184 imágenes distintas. Contada cada imagen una vez, 82 fichas pasan por serigrafía plana dentro de su ruta de producción y 53 por serigrafía rotativa y textil. La sublimación aparece en 29 de esas rutas y la impresión directa a prenda en 8. Un arte pensado para impresión directa viaja por un carril angosto, y eso se planea desde el archivo.
El criterio en tres preguntas
La primera es qué fibra tiene la prenda. Poliéster claro abre la puerta de la sublimación. Algodón deja el terreno a la serigrafía y a la impresión directa.
La segunda es cómo está construido el arte. Colores planos y contados, con trazos que la malla sostiene, van a serigrafía. Fotografía y degradados continuos van a impresión directa.
La tercera es dónde cae el arte. Un pecho plano lo resuelve cualquiera de las tres rutas. Cruzar hombro, costura y manga con registro reduce la lista de talleres capaces.
La ruta de la playera jaspeada nombra tres talleres distintos antes de que la pieza llegue doblada a su bolsa. La del telón nombra cuatro. Llegar con la fibra ya decidida ahorra la vuelta completa.
Preguntas que llegan seguido
¿Por qué se borra la sublimación en mis playeras de algodón?
La sublimación agarra solamente en poliéster. El calor convierte la tinta en gas, el gas entra en la fibra sintética y la fibra lo encierra al enfriarse. El algodón deja pasar ese gas, así que la prenda sale con un tono apagado desde la prensa y el color nunca llegó a fijarse. Sobre algodón la ruta es serigrafía o impresión directa a prenda.
Después del primer lavado apareció un cuadro más oscuro alrededor del estampado. ¿Qué pasó?
Ese cerco viene del pretratamiento, el líquido que retiene la tinta al agua en la superficie de la fibra durante la impresión directa a prenda. Aplicado de más o curado de menos deja un cuadro apenas más oscuro alrededor del arte, y aparece hasta el primer lavado. De las siete fichas del banco cuya técnica nombra la impresión directa a prenda, cinco escriben el pretratamiento o su cerco en el campo de dónde se rompe la pieza.
¿Por qué mi color claro sale sucio sobre una playera jaspeada?
El jaspe es hilo teñido hilado junto con hilo crudo, y ese color sube dentro de la tinta clara hasta ensuciarla. El crema deja de ser crema. El paso de impresión lo resuelve con base bloqueadora, flash entre pasadas y segunda pasada de color para tapar el jaspe. La pieza se pide a una tinta y se imprime en tres movimientos.
¿Qué es la malla en serigrafía y por qué cambia según mi diseño?
La malla se cuenta en hilos por pulgada y define cuánta tinta pasa. Una malla abierta, de 43 a 55 hilos, suelta cuerpo suficiente para tapar el jaspeado. Una malla fina, de 110 a 140 hilos, deja menos tinta por pasada y sostiene el remate de una serifa delgada. Un arte con cobertura sólida y remates de un cabello de grosor se separa en dos mallas.
¿Se puede imprimir blanco con sublimación?
La sublimación trabaja sin tinta blanca. Todo lo que deba leerse blanco se deja en reserva y lo aporta el sustrato descubierto, así que la técnica pide bases claras y un diseño de fondo oscuro cambia de raíz en esta ruta. En la taza del ejemplo, las letras blancas de la diagonal son recubrimiento cerámico descubierto entre los bloques de color.
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