Cuaderno

El papel decide qué tan hondo muerde el letterpress

Israel Najera, COO de Imprecxo6 min de lectura

La profundidad del golpe se negocia con la fibra, y el límite real vive en el reverso de la hoja. De las 99 rutas de nuestro banco cuya técnica nombra el letterpress o la tipografía, 18 registran ahí el punto donde la pieza se rompe.

Hoja de papel de algodón sobre mármol beige con una palabra hundida en letterpress y entintada en verde, junto a una línea de filete.

La profundidad del golpe la fija la fibra del papel. El algodón de fibra larga se comprime y se queda comprimido, de modo que el hundido conserva la forma de la letra. El techo verdadero vive en el reverso de la hoja, donde cada golpe deja sombra. Por eso el gramaje se elige según la pieza se imprima por una cara o por las dos, y eso se decide antes de mandar el arte.

El letterpress se entiende con el dedo antes que con el ojo. Pasas la yema sobre la letra, cae al fondo del golpe, sube por la pared y regresa a la superficie de la hoja. Ese recorrido de tres tiempos es todo el oficio, y quien lo decide es el papel.

La mordida vive en la fibra

La placa empuja y la fibra acepta. Una fibra larga y esponjada, como la del algodón, se comprime y se queda comprimida, de modo que el hundido conserva la forma de la letra. Una fibra corta opone más resistencia, y cuando la presión pasa de lo que aguanta, la hoja se revienta y deja pelusa blanca en el filo del golpe.

Nuestro banco lo confirma. De las 99 rutas cuya técnica nombra el letterpress o la tipografía, 67 traen algodón anotado en el material.

Bloque de tarjetas de algodón con canto pintado verde botella y orilla deckle, con el nombre impreso en letterpress azul marino sobre mármol claro.
El taco es donde se ve el calibre. Tres cantos refilados y pintados en verde botella, la orilla deckle intacta arriba, y el nombre hundido en azul marino sobre la cara de la primera tarjeta.

El reverso es el techo verdadero de la profundidad

Todo golpe deja una sombra del otro lado de la hoja, y ahí vive el límite. De esas mismas 99 rutas, 18 nombran el reverso de la hoja en el campo que registra dónde se rompe la pieza. Encima de ella queda el canto pintado, anotado en 22, y detrás vienen el registro y el tono con 9 cada uno.

Las fichas lo dicen con palabras de taller. En un membrete de algodón queda anotado que el relieve se marca por atrás y el fantasma se ve en el reverso. En un juego de tarjeta con sobre, que el golpe marca de más, se transparenta y arruina la tarjeta a doble cara.

De ahí sale la decisión que ordena todo lo demás. En una pieza impresa por una sola cara la sombra queda escondida y nadie la reclama. En un membrete con encabezado al frente y datos atrás aparece encima de la lectura. Ahí el gramaje se vuelve la decisión técnica del trabajo: subes el calibre y la sombra se queda dentro del papel.

El gramaje que aguanta un golpe de frente

Para golpe profundo el trabajo empieza con papel de algodón de gramaje alto en pliego, de 300 a 600 gramos, que es lo que pide el primer paso de esa ruta. En la parte baja del rango el hundido aparece con la luz de lado. En la parte alta la letra baja hasta verse de frente, con la pieza plana sobre la mesa.

Cuando el calibre de una sola hoja se queda corto, el camino es laminar dos capas y trabajar sobre ese duplex, que da cuerpo para recibir la presión y canto para pintar después. Nueve de las 99 rutas traen ese laminado escrito como paso. Para hueco y relieve profundo el cartón de algodón sube, de 600 a 900 gramos, según el primer paso de la ruta de una muestra de relieve en seco.

El filete delgado y la letra pesada comparten prensa

En un mismo arreglo todo recibe la misma presión, y el resultado se separa por geometría. La letra pesada reparte la carga sobre superficie ancha y sale con la pared limpia. El filete concentra esa misma carga en una línea y se hunde de más, o carga menos película de tinta y se lee lavado.

Conviene decir con qué frecuencia queda registrado. Dos de las 99 rutas anotan el filete en el campo donde se rompe la pieza, y una de esas dos es la hoja verde que abre esta entrada: su ficha dice que el filete delgado desaparece o se engorda según como quede el arreglo, y que en esa pieza es el primer defecto que aparece. Pocas rutas, consecuencia grande, porque cae sobre el elemento más visible del diseño.

Hay dos maneras honestas de resolverlo. La primera es de diseño: sube el peso del filete hasta que empate con el asta más delgada de la tipografía que lo acompaña. La segunda es de taller: el arte se separa en dos placas y la hoja pasa a dos golpes, uno calibrado para la letra y otro para la línea. La ficha de un juego de identidad completo trae anotado ese camino, letterpress a dos golpes sobre la tarjeta.

Acercamiento a un relieve en seco de círculos entrelazados levantado sobre papel de algodón crudo con luz rasante.
Sin una gota de tinta el papel habla solo. La luz rasante dibuja el bisel de cada línea y la fibra levantada del algodón, que es donde se avisa si el golpe se pasó de hondo.

La matriz decide el hombro

El polímero fotosensible sale del vector y reproduce el detalle fino con fidelidad. El grabado en latón aguanta el golpe pasada tras pasada y deja el hombro de la letra más definido, que es la pared que tu dedo reconoce. Para relieve en seco la matriz llega en dos piezas, macho y hembra, placa y contraplaca, y el primer paso de esa ruta dice que ahí se decide la profundidad y el ángulo del bisel. En el acercamiento sin una gota de tinta la luz rasante enseña ese bisel línea por línea.

Esa misma ficha trae una advertencia que conviene repetir. Sobre algodón el relieve en seco se relaja con la humedad y termina más bajo de como salió de la prensa. Pide la profundidad con ese asentamiento ya contemplado y la pieza envejece hacia donde la imaginaste.

El canto pintado pide el taco prensado

El canto de color acompaña a esta técnica: 27 de las 99 rutas lo nombran. El bloque se refila a escuadra, se prensa entre dos placas y ahí se aplica el color al filo en capas delgadas, con el secado bajo presión. Así lo describe el quinto paso de la ruta del taco.

Ese orden responde a una razón física. El algodón es sediento y capilar, de modo que la pintura que toca un filo suelto viaja por entre las hojas y reaparece como una línea de color en la cara de la tarjeta. Prensado, el filo se comporta como una sola superficie y el color se queda donde lo pusiste. La capa gruesa trae el otro defecto: curada sin prensa se cuartea en cuanto abanicas el taco.

Conviene verlo contado en pasos. Una hoja de membrete impresa a un color verde recorre 5 pasos y toca 3 tipos de taller: la imprenta tipográfica de platina, el troquelado y suaje, y el empaque y kitting. El mismo papel convertido en tarjeta con canto pintado y orilla deckle recorre 6 pasos y toca 6 tipos de taller, porque entran la encuadernación que lamina el duplex, el taller de hueco y relieve, la guillotina que refila los tres cantos rectos dejando intacta la orilla deckle, y la maquila que prensa, pinta y seca. Esa orilla natural aparece en 11 de las 99 rutas. Sostener la cadena en ese orden es la parte que los acabados del Atelier tratan como oficio propio.

Qué pedir para que salga a la primera

Tres decisiones se toman antes de mandar el arte. Define si la pieza se imprime por una cara o por las dos, porque eso fija el calibre que tu golpe necesita para quedarse dentro del papel. Mide el peso del filete más delgado contra el asta más delgada de tu tipografía, y si la distancia es grande pide dos golpes desde el principio. Pide muestra física del papel con el golpe ya puesto encima, para verla con la luz de tu escritorio y con tu propio dedo.

Con esas tres preguntas resueltas el papel entra al trabajo como una decisión tomada, y la mordida sale donde la imaginaste.

Preguntas que llegan seguido

¿Qué papel aguanta un letterpress bien hundido?

El papel de algodón. La fibra larga y esponjada se comprime y se queda comprimida, de modo que el hundido conserva la forma de la letra. Una fibra corta opone más resistencia y, cuando la presión pasa de lo que aguanta, la hoja se revienta y deja pelusa blanca en el filo del golpe. En el banco del Atelier, 67 de las 99 rutas cuya técnica nombra el letterpress o la tipografía traen algodón anotado en el material.

¿Por qué el golpe se marca o se transparenta del otro lado del papel?

Todo golpe deja una sombra del otro lado de la hoja, y ahí vive el límite de la profundidad. En una pieza impresa por una sola cara esa sombra queda escondida. En un membrete con encabezado al frente y datos atrás aparece encima de la lectura, y entonces el gramaje se vuelve la decisión técnica del trabajo, porque al subir el calibre la sombra se queda dentro del papel. En el banco del Atelier, 18 de esas 99 rutas nombran el reverso o el otro lado de la hoja en el campo que registra dónde se rompe la pieza.

¿De cuántos gramos tiene que ser el papel para un golpe profundo?

Para golpe profundo el trabajo empieza con papel de algodón de gramaje alto en pliego, de 300 a 600 gramos, que es lo que pide el primer paso de esa ruta en el banco del Atelier. En la parte baja del rango el hundido aparece con la luz de lado. En la parte alta la letra baja hasta verse de frente, con la pieza plana sobre la mesa. Para hueco y relieve profundo el cartón de algodón sube de 600 a 900 gramos. Cuando el calibre de una sola hoja se queda corto, el camino es laminar dos capas y trabajar sobre ese duplex.

¿Por qué las líneas delgadas de mi diseño salen mal y la letra gruesa sale bien?

En un mismo arreglo todo recibe la misma presión, y el resultado se separa por geometría. La letra pesada reparte la carga sobre superficie ancha y sale con la pared limpia. El filete concentra esa misma carga en una línea y se hunde de más, o carga menos película de tinta y se lee lavado. Hay dos maneras honestas de resolverlo. La primera es de diseño, subir el peso del filete hasta que empate con el asta más delgada de la tipografía que lo acompaña. La segunda es de taller, separar el arte en dos placas y pasar la hoja a dos golpes, uno calibrado para la letra y otro para la línea.

¿Cómo se pinta el canto de color de las tarjetas y por qué a veces se cuartea?

El bloque se refila a escuadra, se prensa entre dos placas y ahí se aplica el color al filo en capas delgadas, con el secado bajo presión. Ese orden responde a una razón física. El algodón es sediento y capilar, de modo que la pintura que toca un filo suelto viaja por entre las hojas y reaparece como una línea de color en la cara de la tarjeta. Prensado, el filo se comporta como una sola superficie. La capa gruesa curada sin prensa se cuartea en cuanto abanicas el taco. En el banco del Atelier, 27 de las 99 rutas nombran el canto pintado.

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